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El disidente en
el exilio dice que Fidel equipa al oficialismo para la 'hora
cero'
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'El 90% de los
médicos traídos de la Isla quiere desertar. Ellos
conocen mejor que nadie la mentira de la potencia médica
cubana'
(Foto Archivo) |
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Roberto Giusti
El Universal de Caracas
La perseverancia de Carlos Alberto Montaner, en su lucha
del exilio contra la dictadura castrista, no sólo resulta
ejemplar sino también escalofriante y cualquier venezolano
desearía que ninguno de nosotros deba permanecer más de 40
años trabado en un combate cuasi infinito para, al final,
probar el sabor de la libertad en la propia tierra.
Sea poco o mucho el tiempo de pelea que nos queda, lo
cierto es que enfrentamos una realidad en la cual la Cuba de
Fidel Castro se instala en el país como producto de una
--Montaner dixit-- 'castroadicción' del presidente Chávez
para conjurar el síndrome de abstinencia que le provocaría
la pérdida del poder.
--¿Por qué no recibir a los alfabetizadores cubanos
como una solución que viene a llenar un tremendo vacío en la
educación venezolana?
--Esas personas no van a alfabetizar. Venezuela no tiene
un problema de analfabetismo. Según las cifras de la ONU, el
analfabetismo venezolano se sitúa en torno a 7%, índice
ligeramente mejor que el de Singapur, por ejemplo, que es
uno de los países más ricos del mundo. Tampoco van a
adoctrinar en el sentido estricto de la palabra. Ese 70% de
la población que se califica como antichavista no va a
cambiar de criterio porque un cubano castrista le recite un
par de consignas idiotas. Los venezolanos no son cafres ni
bosquimanos. Por el contrario, se van a sentir más irritados.
Por otra parte, Castro y Chávez saben que unos cuantos
centenares o millares de 'alfabetizadores' comunistas no
pueden adoctrinar a 24 millones, aunque se lo propongan. El
objetivo no es convencer a los venezolanos sino vencerlos:
formar cuadros rápidamente entre ese 20 o 30% de la
población que aún sigue a Chávez y prepararse para el
encontronazo final con el resto de la sociedad. Llegan a
Venezuela en calidad de comisarios, no de maestros. La
consigna que tienen es morir junto a 'la revolución', o sea,
los chavistas, si estalla un conflicto violento.
--¿Cuánto tiempo les llevaría formar esos cuadros,
dadas las urgencias del régimen para consolidarse en el
poder? ¿Cree que intentarían repetir experiencias como los
Comités de Defensa de la Revolución?
--El propósito de Castro y de Chávez es evitar el
referendo. Si no lo logran, tratarán de manipularlo. Y si no
pueden manipularlo, la tentación será provocar una crisis
que desemboque en el fin de lo poco que queda en pie de la
democracia. Castro y Chávez piensan que el choque es
inevitable, no confían del todo en las Fuerzas Armadas, y se
proponen crear unas milicias, un ejército cívico-militar que
haga la revolución. En La Habana ya funciona un inmenso
aparato que prepara toda clase de videos y material de
propaganda para uniformar y radicalizar el discurso de los
chavistas. Fidel Castro le ha dado prioridad a lo que llama
'Operación esperanza'. Ha puesto a quienes considera más
confiables de la Juventud Comunista a trabajar en este
proyecto. Lo supervisa Otto Rivero, un hombre joven muy
cercano a Castro, mientras 'Eduardito' se encarga
directamente del asunto junto a varias docenas de activistas
considerados 'duros'. Trabajan en el Palacio de Convenciones,
en Miramar, a toda máquina. Esa colaboración, por cierto, no
impide que se refieran a Chávez como 'el Loco' y hagan
burlas de sus excéntricos discursos.
--¿No podría ocurrir que los ideologizadores terminen
siendo 'ideologizados' por la atmósfera de democracia y de
relativa abundancia que reinan en Venezuela en contraste con
la situación cubana?
--Por supuesto. Ese es el caso de los médicos. El 90% de
los médicos cubanos trasladados a Venezuela desean desertar.
Entre ellos son pocos los 'dogmáticos'. Son buenos médicos,
y sienten que Castro los trata como esclavos o como
mercancía que cambia por petróleo. Los que tienen acceso a
la información no ignoran que en el Indice de Desarrollo
Humano de la ONU, Venezuela está muy por delante de Cuba.
Ellos son quienes mejor conocen la mentira de 'la potencia
médica cubana'. Pero tienen que callar. Los parlamentarios
democráticos venezolanos deberían presentar una propuesta de
otorgamiento inmediato de asilo, residencia y alguna ayuda
material a todo cubano que desee no regresar a Cuba. Me
consta que muchos de esos médicos odian el chavismo.
--¿Es posible imaginar la presencia cubana que
implique la movilización del aparato de inteligencia y de
cuadros militares?
--No es posible. La espina dorsal del castrismo es el
aparato represivo. En Cuba manda Fidel, pero sus correas de
transmisión son el Ministerio del Interior y las Fuerzas
Armadas, lo que implica el uso y abuso de la Dirección
General de Inteligencia. A estas alturas en Venezuela ya hay
escondidas toneladas de armas transportadas por los
servicios cubanos para cuando llegue la hora cero. Eso lo
hicieron también en el Chile de Allende, pero no tuvieron
tiempo de organizar la resistencia. En Venezuela poseen la
ventaja de la complicidad de las FARC y el ELN. Las armas
pueden llegar directamente a Venezuela o desde la frontera
colombiana. Si el desenlace del drama venezolano es violento
--ojalá que sea civilizado, pacífico y electoral--, lo
primero que deben hacer quienes sucedan a Chávez es convocar
el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para
amenazar con responderle a Castro colectivamente en el
terreno militar dentro de la Isla si no cesa su agresión.
--¿Es dable pensar que Chávez recurre a Cuba porque
requiere del trasplante de un modelo represor que por su
ineficacia y su falta de arraigo popular no puede imponer
por sí mismo en Venezuela?
--La incapacidad de Chávez es minuciosa, absoluta. El
depende de Castro para todo: para que le diseñe una
estrategia, para que le sugiera cómo enfrentarse a sus
enemigos, para que organice la policía política o la
resistencia. Lo que antes del golpe de abril de 2002 era
admiración y complicidad, a partir de esa fecha se convirtió
en dependencia total. Dependencia emocional, política e
ideológica. Es un caso de castroadicción total. En ese
episodio, cuando se vio solo e indefenso, comprobó que su
liderazgo pendía de un hilo. Por su parte, Castro también
depende cada vez más de Chávez desde el punto de vista
económico. Con el país totalmente en quiebra y enemistado
con todo el planeta, los 53 mil barriles diarios de petróleo
son absolutamente indispensables. Los dos ahora piensan que
se salvan o se hunden juntos. Son dos náufragos que flotan
atados al mismo disparate.
--A la luz de las intervenciones cubanas en otros
países y continentes, ¿no está condenada esta experiencia al
fracaso?
--Claro que está condenada al fracaso. Lo ha advertido
con toda lucidez el sociólogo Carlos Raúl Hernández: la
acción exterior de Cuba está llena de fracasos y de
cadáveres. Desde Angola hasta Nicaragua, pasando por Chile,
Granada o Bolivia, el 'internacionalismo cubano' es un
inmenso cementerio. En Venezuela no será diferente. El
chavismo es un viaje absurdo hacia mediados de la década de
los sesenta del siglo XX. Por eso el brasileño Lula y el
ecuatoriano Lucio Gutiérrez no quisieron acompañar a Chávez.
Hoy, en privado, Chávez y Castro censuran a Lula porque 'se
rajó', porque se bajó los pantalones frente a Washington.
Pero no es eso. El brasileño es sólo un hombre sensato capaz
de interpretar la realidad. Gutiérrez también conoce los
límites del poder democrático.
--¿De qué manera podría incidir en Cuba una eventual
salida del poder de Chávez?
--Es el fin de la última esperanza revolucionaria de
Castro. Es la total desmoralización de la clase dirigente
cubana y, en especial, del viejo caudillo, que apostó otra
vez a la carta equivocada. Es el súbito agotamiento de una
fuente muy importante de alivio económico y energético. Es
otra vuelta a la tuerca de las relaciones de Cuba con el
resto del mundo. Y si el desenlace final es violento, no
puede descartarse, como sucedió en Granada, que cientos o
miles de cubanos terminen apresados por fuerzas venezolanas.
Para Castro, la caída de Chávez o su alejamiento del poder,
aunque sea por vías pacíficas, es una tragedia que hay que
intentar evitar por todos los medios.
--Otto Reich predijo la próxima caída de Castro. ¿Cuántas
veces se han pelado pronósticos de esa naturaleza en los
últimos 43 años?
--Muchas veces. Pero ahora el pronóstico se basa en datos
innegables: Castro está viejo, enfermo, y la clase dirigente
no cree en el discurso revolucionario. Se mantiene en el
poder por la represión, la inercia, y el infinito miedo de
la población. El comunismo hoy sólo despierta el interés de
unos cuantos descerebrados profundos. ¿Cuándo desaparecen
los regímenes? Cuando sobreviene una crisis económica
irreparable, cuando se agota el discurso político, y cuando
la clase dirigente está totalmente desmoralizada. Esas tres
condiciones existen hoy en Cuba. Es a eso a lo que se
refería Otto Reich. Y tiene razón.
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