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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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El disidente en el exilio dice que Fidel equipa al oficialismo para la 'hora cero'

'El 90% de los médicos traídos de la Isla quiere desertar. Ellos conocen mejor que nadie la mentira de la potencia médica cubana'
(Foto Archivo)


Roberto Giusti
El Universal de Caracas

La perseverancia de Carlos Alberto Montaner, en su lucha del exilio contra la dictadura castrista, no sólo resulta ejemplar sino también escalofriante y cualquier venezolano desearía que ninguno de nosotros deba permanecer más de 40 años trabado en un combate cuasi infinito para, al final, probar el sabor de la libertad en la propia tierra.

Sea poco o mucho el tiempo de pelea que nos queda, lo cierto es que enfrentamos una realidad en la cual la Cuba de Fidel Castro se instala en el país como producto de una  --Montaner dixit-- 'castroadicción' del presidente Chávez para conjurar el síndrome de abstinencia que le provocaría la pérdida del poder.

--¿Por qué no recibir a los alfabetizadores cubanos como una solución que viene a llenar un tremendo vacío en la educación venezolana?

--Esas personas no van a alfabetizar. Venezuela no tiene un problema de analfabetismo. Según las cifras de la ONU, el analfabetismo venezolano se sitúa en torno a 7%, índice ligeramente mejor que el de Singapur, por ejemplo, que es uno de los países más ricos del mundo. Tampoco van a adoctrinar en el sentido estricto de la palabra. Ese 70% de la población que se califica como antichavista no va a cambiar de criterio porque un cubano castrista le recite un par de consignas idiotas. Los venezolanos no son cafres ni bosquimanos. Por el contrario, se van a sentir más irritados. Por otra parte, Castro y Chávez saben que unos cuantos centenares o millares de 'alfabetizadores' comunistas no pueden adoctrinar a 24 millones, aunque se lo propongan. El objetivo no es convencer a los venezolanos sino vencerlos: formar cuadros rápidamente entre ese 20 o 30% de la población que aún sigue a Chávez y prepararse para el encontronazo final con el resto de la sociedad. Llegan a Venezuela en calidad de comisarios, no de maestros. La consigna que tienen es morir junto a 'la revolución', o sea, los chavistas, si estalla un conflicto violento.

--¿Cuánto tiempo les llevaría formar esos cuadros, dadas las urgencias del régimen para consolidarse en el poder? ¿Cree que intentarían repetir experiencias como los Comités de Defensa de la Revolución?

--El propósito de Castro y de Chávez es evitar el referendo. Si no lo logran, tratarán de manipularlo. Y si no pueden manipularlo, la tentación será provocar una crisis que desemboque en el fin de lo poco que queda en pie de la democracia. Castro y Chávez piensan que el choque es inevitable, no confían del todo en las Fuerzas Armadas, y se proponen crear unas milicias, un ejército cívico-militar que haga la revolución. En La Habana ya funciona un inmenso aparato que prepara toda clase de videos y material de propaganda para uniformar y radicalizar el discurso de los chavistas. Fidel Castro le ha dado prioridad a lo que llama 'Operación esperanza'. Ha puesto a quienes considera más confiables de la Juventud Comunista a trabajar en este proyecto. Lo supervisa Otto Rivero, un hombre joven muy cercano a Castro, mientras 'Eduardito' se encarga directamente del asunto junto a varias docenas de activistas considerados 'duros'. Trabajan en el Palacio de Convenciones, en Miramar, a toda máquina. Esa colaboración, por cierto, no impide que se refieran a Chávez como 'el Loco' y hagan burlas de sus excéntricos discursos.

--¿No podría ocurrir que los ideologizadores terminen siendo 'ideologizados' por la atmósfera de democracia y de relativa abundancia que reinan en Venezuela en contraste con la situación cubana?

--Por supuesto. Ese es el caso de los médicos. El 90% de los médicos cubanos trasladados a Venezuela desean desertar. Entre ellos son pocos los 'dogmáticos'. Son buenos médicos, y sienten que Castro los trata como esclavos o como mercancía que cambia por petróleo. Los que tienen acceso a la información no ignoran que en el Indice de Desarrollo Humano de la ONU, Venezuela está muy por delante de Cuba. Ellos son quienes mejor conocen la mentira de 'la potencia médica cubana'. Pero tienen que callar. Los parlamentarios democráticos venezolanos deberían presentar una propuesta de otorgamiento inmediato de asilo, residencia y alguna ayuda material a todo cubano que desee no regresar a Cuba. Me consta que muchos de esos médicos odian el chavismo.

--¿Es posible imaginar la presencia cubana que implique la movilización del aparato de inteligencia y de cuadros militares?

--No es posible. La espina dorsal del castrismo es el aparato represivo. En Cuba manda Fidel, pero sus correas de transmisión son el Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas, lo que implica el uso y abuso de la Dirección General de Inteligencia. A estas alturas en Venezuela ya hay escondidas toneladas de armas transportadas por los servicios cubanos para cuando llegue la hora cero. Eso lo hicieron también en el Chile de Allende, pero no tuvieron tiempo de organizar la resistencia. En Venezuela poseen la ventaja de la complicidad de las FARC y el ELN. Las armas pueden llegar directamente a Venezuela o desde la frontera colombiana. Si el desenlace del drama venezolano es violento --ojalá que sea civilizado, pacífico y electoral--, lo primero que deben hacer quienes sucedan a Chávez es convocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para amenazar con responderle a Castro colectivamente en el terreno militar dentro de la Isla si no cesa su agresión.

--¿Es dable pensar que Chávez recurre a Cuba porque requiere del trasplante de un modelo represor que por su ineficacia y su falta de arraigo popular no puede imponer por sí mismo en Venezuela?

--La incapacidad de Chávez es minuciosa, absoluta. El depende de Castro para todo: para que le diseñe una estrategia, para que le sugiera cómo enfrentarse a sus enemigos, para que organice la policía política o la resistencia. Lo que antes del golpe de abril de 2002 era admiración y complicidad, a partir de esa fecha se convirtió en dependencia total. Dependencia emocional, política e ideológica. Es un caso de castroadicción total. En ese episodio, cuando se vio solo e indefenso, comprobó que su liderazgo pendía de un hilo. Por su parte, Castro también depende cada vez más de Chávez desde el punto de vista económico. Con el país totalmente en quiebra y enemistado con todo el planeta, los 53 mil barriles diarios de petróleo son absolutamente indispensables. Los dos ahora piensan que se salvan o se hunden juntos. Son dos náufragos que flotan atados al mismo disparate.

--A la luz de las intervenciones cubanas en otros países y continentes, ¿no está condenada esta experiencia al fracaso?

--Claro que está condenada al fracaso. Lo ha advertido con toda lucidez el sociólogo Carlos Raúl Hernández: la acción exterior de Cuba está llena de fracasos y de cadáveres. Desde Angola hasta Nicaragua, pasando por Chile, Granada o Bolivia, el 'internacionalismo cubano' es un inmenso cementerio. En Venezuela no será diferente. El chavismo es un viaje absurdo hacia mediados de la década de los sesenta del siglo XX. Por eso el brasileño Lula y el ecuatoriano Lucio Gutiérrez no quisieron acompañar a Chávez. Hoy, en privado, Chávez y Castro censuran a Lula porque 'se rajó', porque se bajó los pantalones frente a Washington. Pero no es eso. El brasileño es sólo un hombre sensato capaz de interpretar la realidad. Gutiérrez también conoce los límites del poder democrático.

--¿De qué manera podría incidir en Cuba una eventual salida del poder de Chávez?

--Es el fin de la última esperanza revolucionaria de Castro. Es la total desmoralización de la clase dirigente cubana y, en especial, del viejo caudillo, que apostó otra vez a la carta equivocada. Es el súbito agotamiento de una fuente muy importante de alivio económico y energético. Es otra vuelta a la tuerca de las relaciones de Cuba con el resto del mundo. Y si el desenlace final es violento, no puede descartarse, como sucedió en Granada, que cientos o miles de cubanos terminen apresados por fuerzas venezolanas. Para Castro, la caída de Chávez o su alejamiento del poder, aunque sea por vías pacíficas, es una tragedia que hay que intentar evitar por todos los medios.

--Otto Reich predijo la próxima caída de Castro. ¿Cuántas veces se han pelado pronósticos de esa naturaleza en los últimos 43 años?

--Muchas veces. Pero ahora el pronóstico se basa en datos innegables: Castro está viejo, enfermo, y la clase dirigente no cree en el discurso revolucionario. Se mantiene en el poder por la represión, la inercia, y el infinito miedo de la población. El comunismo hoy sólo despierta el interés de unos cuantos descerebrados profundos. ¿Cuándo desaparecen los regímenes? Cuando sobreviene una crisis económica irreparable, cuando se agota el discurso político, y cuando la clase dirigente está totalmente desmoralizada. Esas tres condiciones existen hoy en Cuba. Es a eso a lo que se refería Otto Reich. Y tiene razón.

 

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