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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Reflexiones de Montaner

Martes Financiero, Panamá

 

“Hay algo bueno cuando los panameños dicen
que estas son unas elecciones aburridas”.

 

Carlos Alberto Montaner tenía nueve años de edad cuando Fulgencio Batista asumió el poder en Cuba –mediante un golpe de Estado– y 13 cuando fue arrestado y enviado a prisión por participar en una manifestación estudiantil contra el golpista. Es por ello que a Montaner la política no le es indiferente; después de todo “un cubano de mi generación siempre vivió condicionado a la política”.

 

Además –cuenta– “mi casa era un lugar en el que había mucho fermento político”; eso porque su padre era un periodista enfocado hacia la política.

 

Con la llegada de Fidel Castro al poder y la entronización del comunismo, vino el exilio. Fuera de Cuba, Montaner da rienda suelta a su “yo político” y abona su interés por la escritura. En su bregar por Estados Unidos y Europa, reflexiona sobre la política cubana, la latinoamericana o cualquiera que le interesara.

 

Es entonces cuando se plantea una pregunta que lo ha marcado: ¿Por qué América Latina es el segmento de Occidente más pobre, más conflictivo, y donde los problemas parecen que no tienen solución?”. Y es que como él confiesa, encontrar una respuesta a esa interrogante “ha sido una constante de todo el esfuerzo que he hecho a lo largo de mi vida”.

 

Considerado por los círculos especializados como el periodista más publicado en lengua española y por muchos de sus colegas y compatriotas como una de las figuras más firmes y sobresalientes contra el régimen castrista, Montaner estuvo en Panamá la semana pasada –invitado por la Fundación Libertad– para dictar la conferencia “Cómo analizar las propuestas electorales; una guía al ciudadano”.

 

—Durante todo el tiempo que ha dedicado a reflexionar sobre política ¿cuál es la característica recurrente en los procesos electorales?

 

—Desgraciadamente es la mala calidad en el elector. Mala calidad en el sentido de que no es un elector que aquilata cuidadosamente al candidato, que no mide las condiciones de su actos, que no siente que está asumiendo una posición muy seria cuando vota. Es decir, la idea de las consecuencias del acto electoral no están tan claras en América Latina como en otros sitios. Puede que eso tenga que ver con el divorcio entre sociedad y Estado. Ello hace que el elector vea el proceso electoral como una especie de refuerzo de los lazos clientelistas.

 

—¿De los procesos electorales más recientes que se han celebrado en la región, ¿cuál le ha causado mayor regocijo por la forma como se desarrolló?

 

—Yo creo que cada país cambia; es decir, hay países muy desestructurados políticamente, como Guatemala. Recientemente estuve en El Salvador y me pareció un voto de madurez que el pueblo no eligiera una opción en la que se jugaba el sistema completo, que era la de Schafik Handal. Si hubieran elegido a Handal hubieran entrado en un proceso de caos parecido al de los venezolanos, quizás hasta más radical.

 

Se hubiera dado un regreso al pasado del que habían logrado escapar muy bien. Además, los últimos 15 años –los tres gobiernos consecutivos del partido ARENA– fueron desde mi punto de vista los mejores en la historia de El Salvador, y a los políticos siempre hay que medirlos dentro del contexto en que ellos existen. Es decir, la política es una cuestión de realidades. Hay que ver entre los candidatos cuál es el mejor; a lo mejor ninguno es Churchill, pero hay unos mejores que otros y entre los partidos políticos es igual. Es más, ARENA hizo algo importante, que fue abandonar el discurso de la guerra fría, democratizarse, rechazar e ir renunciando al pasado violento que tuvo ese partido, y yo diría que en Panamá ha ocurrido una cosa parecida. Creo que el PRD cambió. El PRD de hoy no es el PRD de los años 80 ni mucho menos, y yo creo que ese cambio es muy importante; un cambio que lo hizo bastante bien [Ernesto] Pérez Balladares. Creo que hay que aceptar que hay una modernización de las formaciones políticas.

 

—¿Qué más hace falta?

 

—Que todos los partidos políticos realicen un proceso más transparente en la elección de sus líderes. Una idea clara de hacia dónde debe ir Panamá es a tener una visión crítica y al mismo tiempo analítica de qué es lo que han hecho bien otros países para conseguir un nivel grande de prosperidad y desarrollo. Y no hay que ser pesimista en el caso de Panamá. La ciudad de Panamá es una ciudad del primer mundo. Estoy hablando de la ciudad que uno ve, si se entra en el Panamá profundo uno encuentra otras cosas: ve unos niveles de pobreza realmente desoladores; sin embargo, las zonas prósperas de la capital son una mezcla de Manhattan con Miami. Pero hay mucho que hacer; aun así Panamá está mejor que la mayor parte de los países de América Latina y hay algo bueno cuando los panameños dicen que estas son unas elecciones aburridas.

 

—¿En qué sentido?

 

—No está mal que sean unas elecciones aburridas; las elecciones más aburridas del mundo son las suizas, pero eso es una prueba de que hay una especie de consenso general sobre lo que hay que hacer y no hay hacer en el país, y eso puede ser un buen síntoma. Peligroso es cuando en una elección la sociedad se juega el sistema, no el cambio administrativo, no la conducción del Estado, sino el sistema completo, y eso ya no se ve en Panamá; yo por lo menos no veo opciones delirantes.

 

—En la recta final hacia las elecciones del próximo 2 de mayo ¿qué puntos son imprescindibles dentro de una propuesta electoral?

 

—Lo primero es el candidato mismo. La persona es importante, los valores que tiene, las creencias desde el punto de vista intelectual, la conducta, la experiencia, las personas que lo rodean. Todo eso se puede medir, analizar. Se puede percibir el grado de coherencia que hay entre la vida pública y privada. No es posible un divorcio muy grande entre las dos cosas. Es decir, nadie va a ser un buen estadista responsable y serio si es una especie de malvado doméstico con su familia. Esa dicotomía no funciona. Los seres humanos necesitan una seria integridad y una seria coherencia entre lo que creen, lo que dicen y lo que hacen. Todo eso hay que examinarlo: la calidad de sus ideas y luego cuando eso se concreta en un plan de gobierno; hay que ver qué es lo que nos están proponiendo; cuánto va a costar lo que nos están presentando; quién va a llevar a cabo esos proyectos; cuál es el calendario que le han asignado, porque la esencia de la política es el tiempo.

 

Un elector es como un headhunter que tiene que actuar cada cuatro o cinco años para elegir al mejor candidato; sin embargo, lo hacemos festinadamente... no cuidamos esa selección que es tan importante.

 

—Parece haber un consenso en que al discurso político de los presidenciales, no solo de Panamá, sino de la región, le falta originalidad, pues suenan repetitivos, ¿qué opina usted?

 

—Si hay un diagnóstico sobre cuáles son los problemas del país y si ese diagnóstico es inteligente... lo que hay que ver entonces es quién va a solucionar mejor esos problemas. Porque hacer el inventario de los problemas es bastante fácil, lo difícil es cómo hacer para solucionarlos, cuánto va a costar eso, quiénes serán los encargados de darle una solución y sobre todo, cómo se inserta esta solución en una visión de futuro de país. De eso se trata. La verdad es que los países más serios y mejor organizados son los que tienen los procesos electorales más aburridos. Si uno se va a los países escandinavos, uno se encuentra conque las propuestas de los partidos políticos son parecidas; lo que se discute es cómo se van a ejecutar las soluciones a esos problemas.

 

Incluso si las propuestas son parecidas, más razón hay para pensar en la gente; quiénes van a llevar las cosas, quiénes tienen la energía, el talento; y más importante aun, quiénes son los que están hablando en serio.

 

A lo largo de mi vida me he encontrado con muchos políticos que lo único que quieren es llegar al poder sin tener una idea clara de lo que van a hacer ni cómo lo van a hacer. Lo que les interesa es ocupar la casa de gobierno y ser el primero de los ciudadanos, y con eso se conforman. Entonces, hay que detectar quiénes dentro de la lucha por el poder político son los que están buscando esa especie de autosatisfacción de la vanidad personal.

 

PERFIL

 

Nació en La Habana, Cuba, en 1943, y desde 1970 reside en Madrid. Es el director de Firmas Press, una agencia que produce y distribuye artículos periodísticos de opinión en América y Europa. Está al frente de la Unión Liberal Cubana.

 

Se calcula que seis millones de lectores leen semanalmente los artículos de Montaner, autor, entre otras obras, de No perdamos también el siglo XXI, Las raíces torcidas de América Latina, Perromundo y Viaje al corazón de Cuba. También es coautor de Manual del perfecto idiota latinoamericano.

 

ANALISIS FREUDIANO

 

ETA: una banda terrorista, antigua, peligrosa. Antigua porque sigue anclada en el marxismo-leninismo y profundamente racista.

 

Irak: un país que mientras no pase por un proceso profundo de secularización, va a padecer y no va a encontrar alivio ni solución a sus problemas.

 

George W. Bush: un político mediocre que no midió adecuadamente las consecuencias de sus actos.

 

John Kerry: un político también bastante mediocre.

 

Hugo Chávez: es una especie de hijo putativo de Cantinflas y el Che Guevara, sin una sola idea razonable en la cabeza, que está llevando a Venezuela al desastre.

 

Fidel Castro: un anciano terco, indiferente a la realidad, empeñado en morir mandando, que no le importa para nada el bienestar de su pueblo sino la satisfacción de que se haga su real voluntad.

 

Globalización: una oportunidad magnífica de acelerar el proceso de desarrollo de los países más pobres.

 

Centroamérica: una región que posiblemente comience a despegar de una manera más acelerada a lo largo de este siglo XXI, y especialmente ahora, porque hay una división en el continente americano: entre los países que van a participar de la globalización más cerca del ejemplo norteamericano y canadiense; y los países que se van alejando de esa posibilidad. Y Centroamérica, afortunadamente para los centroamericanos, va a navegar en esa ola de vínculos con Estados Unidos y Canadá; mientras que los otros países van a optar por un polo encabezado por Brasil y Argentina, que tiene menos posibilidades de desarrollo.

 

Panamá: Un sitio realmente grato. Para un cubano es una sociedad sin secretos.

 

Es uno de los países con grandes posibilidades, si hicieran las cosas bien en un tiempo prolongado (un tiempo prolongado para una sociedad son 20 años). Aquí existen las posibilidades para que Panamá se convierta en un país de primer mundo como lo hizo Singapur. ¿Cuál es la tarea de Panamá? Que de los tres millones de panameños, el millón y medio pobre sea rescatado de la pobreza. Esa es la principal tarea.

Abril 22, 2004

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