Reflexiones de Montaner
Martes
Financiero, Panamá
“Hay algo bueno cuando los panameños dicen
que estas son unas elecciones aburridas”.
Carlos Alberto
Montaner tenía nueve años de edad cuando Fulgencio Batista asumió el poder
en Cuba –mediante un golpe de Estado– y 13 cuando fue arrestado y enviado a
prisión por participar en una manifestación estudiantil contra el golpista.
Es por ello que a Montaner la política no le es indiferente; después de todo
“un cubano de mi generación siempre vivió condicionado a la política”.
Además –cuenta–
“mi casa era un lugar en el que había mucho fermento político”; eso porque
su padre era un periodista enfocado hacia la política.
Con la llegada
de Fidel Castro al poder y la entronización del comunismo, vino el exilio.
Fuera de Cuba, Montaner da rienda suelta a su “yo político” y abona su
interés por la escritura. En su bregar por Estados Unidos y Europa,
reflexiona sobre la política cubana, la latinoamericana o cualquiera que le
interesara.
Es entonces
cuando se plantea una pregunta que lo ha marcado: ¿Por qué América Latina es
el segmento de Occidente más pobre, más conflictivo, y donde los problemas
parecen que no tienen solución?”. Y es que como él confiesa, encontrar una
respuesta a esa interrogante “ha sido una constante de todo el esfuerzo que
he hecho a lo largo de mi vida”.
Considerado
por los círculos especializados como el periodista más publicado en lengua
española y por muchos de sus colegas y compatriotas como una de las figuras
más firmes y sobresalientes contra el régimen castrista, Montaner estuvo en
Panamá la semana pasada –invitado por la Fundación Libertad– para dictar la
conferencia “Cómo analizar las propuestas electorales; una guía al ciudadano”.
—Durante
todo el tiempo que ha dedicado a reflexionar sobre política ¿cuál es la
característica recurrente en los procesos electorales?
—Desgraciadamente
es la mala calidad en el elector. Mala calidad en el sentido de que no es un
elector que aquilata cuidadosamente al candidato, que no mide las
condiciones de su actos, que no siente que está asumiendo una posición muy
seria cuando vota. Es decir, la idea de las consecuencias del acto electoral
no están tan claras en América Latina como en otros sitios. Puede que eso
tenga que ver con el divorcio entre sociedad y Estado. Ello hace que el
elector vea el proceso electoral como una especie de refuerzo de los lazos
clientelistas.
—¿De los
procesos electorales más recientes que se han celebrado en la región, ¿cuál
le ha causado mayor regocijo por la forma como se desarrolló?
—Yo creo que
cada país cambia; es decir, hay países muy desestructurados políticamente,
como Guatemala. Recientemente estuve en El Salvador y me pareció un voto de
madurez que el pueblo no eligiera una opción en la que se jugaba el sistema
completo, que era la de Schafik Handal. Si hubieran elegido a Handal
hubieran entrado en un proceso de caos parecido al de los venezolanos,
quizás hasta más radical.
Se hubiera
dado un regreso al pasado del que habían logrado escapar muy bien. Además,
los últimos 15 años –los tres gobiernos consecutivos del partido ARENA–
fueron desde mi punto de vista los mejores en la historia de El Salvador, y
a los políticos siempre hay que medirlos dentro del contexto en que ellos
existen. Es decir, la política es una cuestión de realidades. Hay que ver
entre los candidatos cuál es el mejor; a lo mejor ninguno es Churchill, pero
hay unos mejores que otros y entre los partidos políticos es igual. Es más,
ARENA hizo algo importante, que fue abandonar el discurso de la guerra fría,
democratizarse, rechazar e ir renunciando al pasado violento que tuvo ese
partido, y yo diría que en Panamá ha ocurrido una cosa parecida. Creo que el
PRD cambió. El PRD de hoy no es el PRD de los años 80 ni mucho menos, y yo
creo que ese cambio es muy importante; un cambio que lo hizo bastante bien
[Ernesto] Pérez Balladares. Creo que hay que aceptar que hay una
modernización de las formaciones políticas.
—¿Qué
más hace falta?
—Que todos los
partidos políticos realicen un proceso más transparente en la elección de
sus líderes. Una idea clara de hacia dónde debe ir Panamá es a tener una
visión crítica y al mismo tiempo analítica de qué es lo que han hecho bien
otros países para conseguir un nivel grande de prosperidad y desarrollo. Y
no hay que ser pesimista en el caso de Panamá. La ciudad de Panamá es una
ciudad del primer mundo. Estoy hablando de la ciudad que uno ve, si se entra
en el Panamá profundo uno encuentra otras cosas: ve unos niveles de pobreza
realmente desoladores; sin embargo, las zonas prósperas de la capital son
una mezcla de Manhattan con Miami. Pero hay mucho que hacer; aun así Panamá
está mejor que la mayor parte de los países de América Latina y hay algo
bueno cuando los panameños dicen que estas son unas elecciones aburridas.
—¿En qué
sentido?
—No está mal
que sean unas elecciones aburridas; las elecciones más aburridas del mundo
son las suizas, pero eso es una prueba de que hay una especie de consenso
general sobre lo que hay que hacer y no hay hacer en el país, y eso puede
ser un buen síntoma. Peligroso es cuando en una elección la sociedad se
juega el sistema, no el cambio administrativo, no la conducción del Estado,
sino el sistema completo, y eso ya no se ve en Panamá; yo por lo menos no
veo opciones delirantes.
—En la
recta final hacia las elecciones del próximo 2 de mayo ¿qué puntos son
imprescindibles dentro de una propuesta electoral?
—Lo primero es
el candidato mismo. La persona es importante, los valores que tiene, las
creencias desde el punto de vista intelectual, la conducta, la experiencia,
las personas que lo rodean. Todo eso se puede medir, analizar. Se puede
percibir el grado de coherencia que hay entre la vida pública y privada. No
es posible un divorcio muy grande entre las dos cosas. Es decir, nadie va a
ser un buen estadista responsable y serio si es una especie de malvado
doméstico con su familia. Esa dicotomía no funciona. Los seres humanos
necesitan una seria integridad y una seria coherencia entre lo que creen, lo
que dicen y lo que hacen. Todo eso hay que examinarlo: la calidad de sus
ideas y luego cuando eso se concreta en un plan de gobierno; hay que ver qué
es lo que nos están proponiendo; cuánto va a costar lo que nos están
presentando; quién va a llevar a cabo esos proyectos; cuál es el calendario
que le han asignado, porque la esencia de la política es el tiempo.
Un elector es
como un headhunter que tiene que actuar cada cuatro o cinco años para
elegir al mejor candidato; sin embargo, lo hacemos festinadamente... no
cuidamos esa selección que es tan importante.
—Parece
haber un consenso en que al discurso político de los presidenciales, no solo
de Panamá, sino de la región, le falta originalidad, pues suenan repetitivos,
¿qué opina usted?
—Si hay un
diagnóstico sobre cuáles son los problemas del país y si ese diagnóstico es
inteligente... lo que hay que ver entonces es quién va a solucionar mejor
esos problemas. Porque hacer el inventario de los problemas es bastante
fácil, lo difícil es cómo hacer para solucionarlos, cuánto va a costar eso,
quiénes serán los encargados de darle una solución y sobre todo, cómo se
inserta esta solución en una visión de futuro de país. De eso se trata. La
verdad es que los países más serios y mejor organizados son los que tienen
los procesos electorales más aburridos. Si uno se va a los países
escandinavos, uno se encuentra conque las propuestas de los partidos
políticos son parecidas; lo que se discute es cómo se van a ejecutar las
soluciones a esos problemas.
Incluso si las
propuestas son parecidas, más razón hay para pensar en la gente; quiénes van
a llevar las cosas, quiénes tienen la energía, el talento; y más importante
aun, quiénes son los que están hablando en serio.
A lo largo de
mi vida me he encontrado con muchos políticos que lo único que quieren es
llegar al poder sin tener una idea clara de lo que van a hacer ni cómo lo
van a hacer. Lo que les interesa es ocupar la casa de gobierno y ser el
primero de los ciudadanos, y con eso se conforman. Entonces, hay que
detectar quiénes dentro de la lucha por el poder político son los que están
buscando esa especie de autosatisfacción de la vanidad personal.
PERFIL
Nació en La
Habana, Cuba, en 1943, y desde 1970 reside en Madrid. Es el director de
Firmas Press, una agencia que produce y distribuye artículos periodísticos
de opinión en América y Europa. Está al frente de la Unión Liberal Cubana.
Se calcula que
seis millones de lectores leen semanalmente los artículos de Montaner, autor,
entre otras obras, de No perdamos también el siglo XXI, Las raíces
torcidas de América Latina, Perromundo y Viaje al corazón de
Cuba. También es coautor de Manual del perfecto idiota
latinoamericano.
ANALISIS
FREUDIANO
ETA:
una banda terrorista, antigua, peligrosa. Antigua porque sigue anclada en el
marxismo-leninismo y profundamente racista.
Irak:
un país que mientras no pase por un proceso profundo de secularización, va a
padecer y no va a encontrar alivio ni solución a sus problemas.
George W.
Bush:
un político mediocre que no midió adecuadamente las consecuencias de sus
actos.
John Kerry:
un político también bastante mediocre.
Hugo Chávez:
es una especie de hijo putativo de Cantinflas y el Che Guevara, sin una sola
idea razonable en la cabeza, que está llevando a Venezuela al desastre.
Fidel
Castro:
un anciano terco, indiferente a la realidad, empeñado en morir mandando, que
no le importa para nada el bienestar de su pueblo sino la satisfacción de
que se haga su real voluntad.
Globalización:
una oportunidad magnífica de acelerar el proceso de desarrollo de los países
más pobres.
Centroamérica:
una región que posiblemente comience a despegar de una manera más acelerada
a lo largo de este siglo XXI, y especialmente ahora, porque hay una división
en el continente americano: entre los países que van a participar de la
globalización más cerca del ejemplo norteamericano y canadiense; y los
países que se van alejando de esa posibilidad. Y Centroamérica,
afortunadamente para los centroamericanos, va a navegar en esa ola de
vínculos con Estados Unidos y Canadá; mientras que los otros países van a
optar por un polo encabezado por Brasil y Argentina, que tiene menos
posibilidades de desarrollo.
Panamá:
Un sitio realmente grato. Para un cubano es una sociedad sin secretos.
Es uno de los
países con grandes posibilidades, si hicieran las cosas bien en un tiempo
prolongado (un tiempo prolongado para una sociedad son 20 años). Aquí
existen las posibilidades para que Panamá se convierta en un país de primer
mundo como lo hizo Singapur. ¿Cuál es la tarea de Panamá? Que de los tres
millones de panameños, el millón y medio pobre sea rescatado de la pobreza.
Esa es la principal tarea.
Abril 22, 2004