"Uruguay tiene una visión
muy crítica de su propia realidad"
Entrevista a Carlos Alberto Montaner
El País, 21 de junio de 2005
El periodista y
Escritor Carlos Alberto Montaner, el cubano residente en Madrid, cuyas
columnas semanalmente publica El País estuvo en Uruguay presentando su nuevo
libro, "La libertad y sus enemigos", editado por Sudamericana
En qué estado se encuentra el
liberalismo en América Latina?
—Yo creo que en un momento no muy
bueno. Hay una especie de operación demoledora de los neopopulistas que han
conseguido demonizar la palabra liberal y que hablar de las reformas que hay
que hacer y que son inevitables como algo contrario a los intereses de la
sociedad latinoamericana. Todo eso es grave porque lo único que provoca es
distanciarnos del centro técnico, científico y económico en el mundo y
empobrecernos más. Subrayar nuestro subdesarrollo y provocar más conflicto.
—La idea de populismo en América
Latina no es nueva, pero ¿cómo se da el surgimiento de ese neopopulismo?
—Lo que pasó es que se replegaron en
la década de 1990 ante el fracaso de todas las variantes de la vasta familia
populista. Pero efectivamente las reformas liberales en América Latina
fueron tímidas o incompletas, o estuvieron llenas de contradicciones como en
el caso argentino donde algunas reformas liberales fueron acompañadas por
casos de corrupción, y simultáneamente hubo un aumento exponencial del gasto
público que al final provocó una crisis de las finanzas nacionales que
arrastró incluso a Uruguay. Todo eso lo generó un nuevo discurso populista
que acusaba a las reformas de haber sido las causantes de los problemas de
América Latina, cuando no fueron las reformas, esas reformas falsificadas,
la acción incompetente y en algunos casos dolosas del Estado. Pero lo que
nosotros hemos aprendido y hemos visto en el mundo entero es que cuando esas
reformas se han hecho bien y durante un largo periodo, se produce una
reducción sustancial de la pobreza. El caso más interesante es Chile donde
la pobreza se redujo de 42% a 18%, como consecuencia de la tenacidad con la
que se han mantenido las propuestas liberales incluso con un gobierno
socialista. Estamos en un punto crítico para las reformas liberales, una
sociedad totalmente desconcertada, envenenada por un discurso político que
es contrario a la razón y a la experiencia.
—Usted menciona a Chile como una
excepción. ¿Qué tienen de distinto los chilenos que pudieron mantener un
modelo desde Pinochet hasta Lagos?
—El tiempo que duró la reforma en
Chile, donde se absorbió el primer momento el impacto del cambio del modelo
económico, fue lo suficientemente largo como para que la sociedad comprobara
que es muy conveniente tener un tipo de economía abierta, de economía de
propietario. La transferencia de los activos de manos del Estado a la
sociedad civil y que todo ese proceso de privatización se hizo con mayor
honradez que en otros países, también convenció a la sociedad de que el
único lugar donde se hace riqueza es en las empresas y que esas empresas
manejadas por el sector privado son más eficientes, generan más fuentes de
trabajo, reducen el desempleo, acaban con la pobreza. Entendieron mucho
mejor lo que es la clave del desarrollo y la prosperidad.
—¿Ese modelo no tiene un costo
social?
— Un político ecuatoriano liberal
ponía las cosas en términos muy claros: hay que elegir entre el dolor
momentáneo del ajuste o el dolor permanente del desbarajuste. Los países que
salen de las crisis son las que se enfrentan a la realidad de una manera
inteligente.
—En ese crecimiento neopopulista,
¿no puede haber una idea de que el ajuste siempre lo sufren las mismas
clases sociales?
—Lo sufren todos. Todos tienen que
pagar el costo. Precisamente en esos períodos de crisis quienes menos ven
reducidos su nivel de vida porque ya es muy bajo son los indigentes. Quienes
tienen que ajustarse y sufren un mayor impacto son las clases medias. Las
ricas siempre se las arreglan para salvar su capital.
—En La libertad y sus enemigos,
usted menciona la educación y la salud como factores clave...
—No hay nada más cínico para un
liberal que decir que el Estado no tiene responsabilidad. Cada persona debe
vivir en un modelo de sociedad que le permita desarrollarse hasta el límite
de sus posibilidades. Tenemos que potenciar la educación y la salud porque
es falso que una persona que carece de educación o vive en condiciones
sanitarias infectas tiene las mismas posibilidades de competir que quien
goza de una buena educación. Lo honrado es entender que salud y educación
más que gastos, son inversiones para despegar.
EL EFECTO CHAVEZ.
—¿Hace poco el Departamento de
Estado de Estados Unidos, calificó al presidente venezolano, Hugo Chávez,
como un elemento "contaminante" en la región. ¿Coincide con eso?
—No tengo la menor duda de que en
Chávez hay un componente mesiánico, con algunos elementos de acción
internacional que lo llevarán a la injerencia en todos los países de América
Latina. Chávez es un hombre convencido de que sabe cómo gobernar al mundo,
para que el mundo sea feliz y va a hacer todo para modelarlo a su voluntad.
Como tiene US$ 40 mil millones, eso lo convierte en un actor muy peligroso
en el concierto internacional. Los venezolanos hacen una comparación y dicen
que Chávez es como un mono borracho con una escopeta en la mano. Es un tipo
dogmático, loco. Y su mano estará detrás de muchos procesos
latinoamericanos, ya sea financiando o subsidiando.
—Pero a diferencia de Fidel
Castro que cumplía ese papel en las décadas de 1960 y 1970...
—Utilizando los recursos la Unión
Soviética y ahora Castro hace el papel de la Unión Soviética para Chávez. La
estructura, el modo de operar, las redes de amistad, llevan a que ya se
pueda hablar de un "castro-chavismo" como una vertiente del populismo
totalitario, en esta caso marxista leninista.
—Pero a diferencia de Castro,
Chávez ha sido respaldado en las urnas.
—Sí. Yo creo que un tercio del país,
apoya a Chávez y el resto está bastante desconcertado.
—En ese panorama, ¿cómo tomó
usted que una de las primeras medidas del nuevo gobierno uruguayo fue
reanudar relaciones con Cuba?
—Hay una simpatía ideológica al
gobierno cubano, por sectores que estuvieron muy cerca y mantienen sus
viejos lazos. En su momento, Tabaré Vázquez —que hasta ahora es un
demócrata, no hay nada que apunte en otra dirección—, tendrá que tomar una
decisión con respecto a la dictadura más vieja del mundo. Cualquier
decisión, si la toma desde una perspectiva democrática, lo va a enfrentar a
algunos sectores de su propia coalición, una aglomeración política de
elementos muy diversos, pero eso generará una contradicción entre el
multipartidismo en el que cree y un movimiento estalinista como el de Cuba.
Una situación parecida sufre Kirchner. Ya hay algunos indicios de cierto
distanciamiento de Lula hacia Castro y hacia Chávez. Algo de eso ocurrirá
con Vázquez y Kirchner.
—¿Que pasa con la democracia en
América Latina?
—Todavía está muy viva la vieja
tradición populista antidemocrática. Perón nunca sacó menos de 62% de votos
en las tres contiendas electorales en las que participó. Eso es verdad en
prácticamente en todos los países de América Latina, donde hay una especie
de vinculación emotiva a la democracia, pero sin saber exactamente a qué se
refiere. No entienden que más importante que la propio aritmética electoral
es el respeto por el estado de derecho, los derechos humanos, el respeto a
las minorías, la búsqueda de consenso entre grupos distintos, todos los
valores que acompañan, que le dan sentido a la democracia. Si la información
que tiene la sociedad es inadecuada, las decisiones serán estupidas y
conducirán al desastre. Si la información es correcta, se explica por qué un
hombre como Chávez no puede ser electo en Suiza. Estas son sociedades
confundidas en cuanto a lo que es la democracia y el estado de derecho.
—Usted se pregunta en el libro,
"Por qué es pobre Panamá". Yo traslado la pregunta hacia ¿por qué es pobre
Uruguay?
—Los uruguayos tienen una idea
demasiado crítica de la realidad uruguaya. Cuando uno viaja por el mundo ve
que Uruguay tiene muchas cosas que son salvables y de sociedades
desarrolladas, en muchos aspectos y en otros no. Pero esta no es una
sociedad desesperada. Hay cosas en Uruguay que permiten que en el curso de
uno o dos generaciones Uruguay podría estar dando un salto como el que dio
España, como el que está dando Chile, como el que dio Irlanda.
—Eso, para esa visión crítica
que, usted planteaba, el uruguayo tiene de sí mismo es como el colmo del
optimismo...
—Yo no se por qué Uruguay es un país
pesimista. Es un país que tiene el capital humano y social para dar un salto
al primer mundo.
Una charla que explica un
continente entero
Dentro de la gira de presentación
de La libertad y sus enemigos, Carlos Alberto Montaner, dará hoy una
conferencia titulada "La crisis ideológica de América Latina", a la que
invita el llamado Círculo Liberal.
En su comunicado, el grupo afirma
que "frenta a la actual coyuntura regional con una mayoría de gobiernos
progresistas de tendencias socialistas, comunistas y otros tantos, en un
continente con una historia reciente y pasada plagada de populismos,
intentonas revolucionarias y propuestas fuera de toda lógica racional,
parece imprescindible pensar y analizar: ¿en qué estamos pensando? y ¿hacia
dónde queremos ir?"
La conferencia es hoy a las 19.00
en el salón de fiestas del Palacio Legislativo, al que se accede por la
entrada de la avenida General Flores.
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Junio 27, 2005
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