Firmas Press
toolbar.gif (493 bytes)

Creada hace veinte años para servir a la prensa de habla española:
grandes columnistas, artículos de interés general, caricaturas, pasatiempos...

La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

Cam.jpg (6536 bytes)

“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


buscar2.gif (405 bytes)


buscar.gif (308 bytes)


© Firmas Press. Prohibida la reproduccion de los artículos que aparecen en este medio, sin consentimiento escrito o electrónico de Firmas Press.

 

  513-line.gif (245 bytes)

Hay que volverse a enamorar de la Patria

Entrevista a Carlos Alberto Montaner por María Ángeles Octavio
Jueves, 9 de agosto de 2007

Carlos Alberto Montaner hace un tiempo presentó un libro que se llama La libertad y sus enemigos, editado por Sudamericana. Montaner nació en La Habana, Cuba en 1943. Es escritor y periodista. En este libro desarrolla las claves del pensamiento liberal, describe las causas del subdesarrollo latinoamericano y refuta las creencias de la muy arraigada tendencia populista en nuestra cultura. En aquella oportunidad conversé con él sobre estos temas.

¿Existe la libertad?

Sí, claro que existe.

¿Considera usted que el concepto de libertad es subjetivo?

Hay un elemento de la libertad que es objetivo y es la toma de decisiones: la cantidad de cosas que uno puede hacer bajo su propia voluntad, lo que va a estudiar, adónde va a vivir, qué va a hacer con su vida, a quién va a tratar, dónde va a depositar sus afectos. En sociedades totalitarias todo eso es controlado. En Cuba se llegó al extremo de decretar el odio a aquellos miembros de la familia que se fueran del país. Este es un primer paso. El siguiente será peor, pues involucrará la interrupción hasta de las relaciones familiares de todos aquellos que muestren un grado de desafecto por el gobierno. Cuando la capacidad de tomar decisiones no se puede ejercer ni siquiera en el terreno afectivo, estamos en presencia de una dictadura en su peor expresión.

¿Cuáles son los síntomas que usted percibe del régimen que se está instalando en Venezuela?

El más evidente de todos es el hecho de que una sociedad coloque en un caudillo iluminado la dirección del país. Ya no son las instituciones, ya no son las leyes, ya no es la voluntad de los individuos, es la voluntad de un señor que es el que dirige, no sólo su vida, sino la vida de todos los venezolanos.

“El estado ha sido concebido para el individuo y no a la inversa…Valorar el ejercicio de la libertad individual…para lograr los mayores niveles de de progreso”. C.A.M.

Es un hombre que decide qué van a hacer los venezolanos, no en los próximos seis meses, sino en los próximos treinta años. Ése es el camino de la destrucción de la riqueza venezolana, de la infelicidad total de la sociedad venezolana.

Chávez adoptó un rumbo que al final conduce al mismo sitio: apoderarse de todas las instituciones del estado, de todas las instituciones de la república, adulterarlas y ponerlas a su servicio. En el momento en que ya tenga el control de los tribunales, cerrará y dominará por completo el sistema parlamentario, el poder legislativo y en tercer lugar, controlará los medios de comunicación mediante una combinación de extorsiones e intimidación, o simplemente la confiscación, para aumentar los niveles de atropello y represión a la sociedad, y no habrá manera de defenderse de eso.

¿Por qué le sucede esto a una sociedad como la venezolana?

Toda sociedad por más libre que parezca puede ser sometida. No se puede apoyar la idea ingenua de que hay sociedades que por su propia naturaleza psicológica no pueden ser sometidas por un régimen totalitario. Ésta es una idea absurda. Los regímenes totalitarios se han implantado en sociedades eslavas, germánicas, latinas, cristianas, católicas, asiáticas, budistas, es decir, en prácticamente todas las modalidades que nosotros conocemos como sociedades organizadas. Los venezolanos no son diferentes a los cubanos. Son pueblos muy próximos, muy parecidos en su composición étnica y en su visión de la vida. Los cubanos pensaban que era imposible que esa sociedad divertida, rebelde, levantisca, con una historia de insubordinación frente a los atropellos, podría ser sometida por un régimen totalitario. Ocurrió todo lo contrario: Cuba se entregó. Llegó un momento, después de los primeros cinco o seis años en donde la resistencia se fue apagando y se fue construyendo una sociedad estabulada. Las instituciones del estado eran establos donde colocaban a las personas en los distintos estamentos de la producción o de los estudios, de las fuerzas armadas, la jubilación, con un único propósito, la obediencia a la estructura de mando vertical que venía desde la cabeza, que en este caso, por supuesto, era Fidel Castro como en Venezuela es Hugo Chávez.

¿Qué pasa con toda esa oposición que disiente de esta revolución en Venezuela?

Está en un proceso de acomodarse a una realidad política. Creen que no la pueden cambiar. Se produce una actitud terrible que es la actitud de que “algo tiene que pasar”, algo tiene que cambiar, pero el esfuerzo para hacer el cambio y para tratar, efectivamente, que las cosas cambien, lejos de tener cada vez más adeptos, cada vez tiene menos.

¿Por qué perdió su legitimidad esta oposición?

La verdad es que la oposición de alguna manera defraudó a la sociedad venezolana. Y es triste, porque lo que viene es terrible. La implantación del totalitarismo es una cosa dura, es una experiencia monstruosa de calcutización de la realidad. La estética de los cerritos se va a convertir en el modo de convivencia nacional. Hay una subversión de los valores que va desde la pura concepción estética material hasta las relaciones intrapersonales. Desaparecerá la verdad como fundamento de la condición humana. Ése elemento clave en el que una sociedad sana descansa bajo la autoridad de la verdad y la gente dice lo que piensa. Cada venezolano empezará a experimentar una de las peores cosas del totalitarismo: la disonancia. Creer una cosa, decir otra y hacer una tercera. Vivirá en esa mentira como en todas las sociedades totalitarias. Como la verdad impuesta es algo ortopédico, que no tiene nada que ver con la realidad, fuerza a un cierto comportamiento. La consecuencia de eso es la adopción del discurso del que te hace daño para poder sobrevivir, pero simultáneamente, produce un gran malestar saber que estas mintiendo para sobrevivir. Ese malestar psicológico no es una abstracción: es algo que se interioriza y que genera en las personas una actitud terrible de inconformidad, de decepción, de descreimiento. Muchos de los valores y de las cosas positivas que había en la sociedad venezolana, como la espontaneidad, como la solidaridad, van a desaparecer.

¿Qué pasa con las nuevas generaciones?

Las nuevas generaciones serán las más distantes y las que tendrán mayor separación ideológica del régimen. Estos regímenes se fundan en la mitología de los hombres especiales, llámese Castro o llámese Chávez. Mientras más joven es la persona, más distancia emocional tiene del personaje, y lo probable es que los venezolanos de la próxima generación perciban a Chávez de una manera mucho más crítica. No le verán ningún componente heroico. Lo verán como un tipo pintoresco y loco con la cabeza llena de disparates.

¿Y el adoctrinamiento en los centros de estudios?

Ese adoctrinamiento puede menos que el hogar. La formación de la casa es la base. Lo que ocurre es que en los hogares se produce un fenómeno terrible cuando se vive un régimen totalitario, y es que los padres son los grandes maestros de la mentira, son los que enseñan a sus hijos a mentir para que sobrevivan.

Mi secretaria fue una muchacha, abogada, del partido comunista. No supo que sus padres eran creyentes del catolicismo hasta que le confesó a su madre que iba a salir en un viaje al exterior y se iba a quedar en el exilio. Era una mujer de veinticinco años. En ese momento la madre la llevó a un mueble de la casa que tenía cerrado y le enseñó los libros católicos y las cosas que ella escondía. Le confesó que ella había sido católica siempre y le rogó que ahora que iba a emigrar, se enterara de lo que era el cristianismo tratara de acercarse a Dios, pero hasta ese momento la enseñó a mentir para que pudiera sobrevivir. Por lo demás, se trataba de una familia buena y decente, obligada a mentir.

¿Hay esperanzas?

Se puede asegurar que el totalitarismo va a acabar. El tiempo que dure no lo sé, pero ése no es un sistema definitivo. El problema es que hace mucho daño. Va a empobrecer a todos los venezolanos, va a crispar a las familias, las va a quebrar en pedazos. Va a romper la psicología de muchísima gente, la va a hacer sufrir en todos los órdenes posibles, en el material, en el psicológico, en el emocional. Todo eso va a ocurrir, pero a medio o largo plazo la pesadilla se acaba.

Bueno, ¿por qué en Cuba ha durado tantos años?

Bueno porque tienen un dictador implacable que no permite el menor resquicio de libertad desde el cual construir una opción diferente.

¿Usted considera que Chávez no tiene el temple, el ímpetu ni la formación que tenía Fidel?

Tengo una percepción muy negativa de Chávez. Yo no creo que sea un hombre inteligente, ni un estratega. Tampoco creo que tenga una capacidad especial. Sospecho que es un hombre profundamente destructivo que conducirá al país hacia su casi demolición, pero el sistema se desplomará con él. También hay que tomar en cuenta el componente psicológico en estos personajes. La personalidad narcisista es así, no permite ver los problemas desde la perspectiva del otro, los narcisistas carecen del mecanismo de la empatía, nunca se pueden meter debajo de la piel del otro. Todo lo ven desde su perspectiva egoísta y acaban con los países.

Usted le escribió un prólogo al libro Del buen salvaje al buen revolucionario de Carlos Rangel. Es un libro en el que Venezuela no creyó en su momento. Fue publicado en Francia donde causa un gran revuelo. Tenía además una carta de presentación que abría puertas: un prólogo de Jean Fracoise Revel. Luego es publicado en Venezuela y ha tenido más de treinta ediciones en diversos idiomas, o sea, es un libro que ha venido como renovándose el mismo y todavía tiene una validez y un peso importante.

Creo que Carlos Rangel tuvo algo de profeta, porque cuando él publica este libro Venezuela vivía su momento más esplendoroso. La Venezuela saudita, contaba con todos los recursos del mundo, con el precio del petróleo disparado, y sin embargo, Rangel hace una advertencia sobre cosas muy graves, sobre los errores del colectivismo, sobre el disparate que significa transferir nuestras responsabilidades siempre a los demás. Esa idea nociva de que los norteamericanos son los culpables de todos los disparates y de todas las cosas que hacemos incorrectamente.

Un ejemplo de esta irresponsabilidad es el comportamiento de los venezolanos cuando se produce el intento de golpe de estado en 1992, después de haber elegido por una abrumadora mayoría, pocos meses antes, a Carlos Andrés Pérez. Pérez parecía tener la simpatía de la sociedad y ofrecía su gran viraje como le llamo él. Era una manera inteligente de gobernar, mucho más inteligente que la de su primer período, y ya se veían los resultados prácticos de cómo la economía había empezado a dispararse en la dirección correcta, sin embargo, ese mismo pueblo que había votado voluntariamente, ahora respaldaba al golpista y lo botaba del poder.

¿Qué quería decir eso? Que el compromiso de la sociedad con la democracia y con las instituciones republicanas era muy débil, o inexistente. Había un divorcio profundo entre la sociedad y el Estado. Como consecuencia del mal manejo del Estado, las personas no se veían reflejadas en el sistema. No creían que ese conjunto de instituciones, ni esas leyes, ni esos políticos servían sus intereses. Por lo tanto, no les importaba la destrucción del modelo político. Cuando uno ve que una sociedad sale a aplaudir la destrucción de su Constitución, que supuestamente es la expresión de la soberanía popular, es porque no cree en la Democracia.

Usted es cubano y salió de Cuba, ¿qué pasó?

Me enfrenté al régimen cuando me convencí de que Castro iba en dirección al totalitarismo. Lo hice más por intuición que por formación, puesto que era muy joven. De muchacho me integre a los grupos de la oposición que estaba organizando la resistencia y me condenaron a veinte años de cárcel. Yo tenía en ese momento 17 años. Así que tuve que ir a una cárcel de menores. De ésta escapo antes de cumplir los 18 años y me asilé en la embajada de Venezuela. Decía que mi intuición me ayudó, ya que sentí que un régimen totalitario era negativo para mi país. Había leído con mucho interés y con bastante horror las entonces recientes historias de la represión rusa contra la revolución húngara de 1956. Aquello me impacto mucho. Luego en los primeros tiempos de la revolución cubana leí ciertos libros como El cero y el infinito de Arthur Koestler o las obras de Eudocio Ravines. Poco más adelante Moscú se hizo presente de una manera descarada.

El gran aporte del comunismo al siglo XX es la carpintería represiva. La Unión Soviética le proporcionó a Castro, a partir del año 59 y 60, todos los medios para lograr su objetivo. Le construyó la cárcel a prueba de fugas. Ahora Castro se la construye a Chávez. Castro le aporta el tipo de legislación que Chávez necesita, el tipo de organización represiva, la forma de estructurar los grupos de apoyo en el exterior, mientras ocurre la construcción del aparato totalitario. Le enseña a proyectar una imagen benéfica, de una revolución bondadosa, donde la gente tiene educación y salud. Es toda una técnica de construcción de imágenes. En Cuba esta estrategia la manejaba el Departamento de Orientación Revolucionaria. Ellos siguen un gran plan que se revisa cada seis meses, con centenares de especialistas que miden el número de pulgadas que aparecen en los periódicos, la nómina de todos sus amigos en el mundo, de cómo hay que cortejarlos, de cómo hay que invitarlos, de cuales son las debilidades. Cada persona tiene asignado a uno de esos amigos de la revolución bolivariana, a los amigos de la revolución cubana. Todos tienen expediente en ese departamento.

¿Qué podemos hacer?

Hay que retardar el control total sobre la sociedad. Hay que enamorarse de nuevo de la patria. Es el momento de comprometerse a luchar. Es el momento de la madurez y la reflexión. Deben hacer que la Patria, como quería Ortega, sea otra vez un proyecto de vida en común. Hay que tener en cuenta la frase martiana de “una república con todos y para el bien de todos”. Todos debemos beneficiarnos de la democracia y la libertad.

Imprimir esta página

  dot-clear2.gif (55 bytes)
dot-clear.gif (545 bytes)