Chávez quiere revivir la guerra fría
Carlos Alberto Montaner
Madrid -- Hugo Chávez fue a Moscú
a comprar armas --submarinos, bombarderos, tanques-- y a reclutar a los
rusos para su campaña antiamericana. Les ofreció el territorio venezolano
para colocar bases militares y ''tropas de combate'' y luego se desdijo,
como reportó la agencia alemana DPA. La irresponsabilidad de este hombre no
tiene límites. Su propósito es revivir la guerra fría, pero ahora bajo su
dirección. Entre su lista de activos, para animar a los rusos, llevaba
colgados al cuello como trofeos a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Eran
sus satélites. Venezuela ya tiene satélites. Países que, en gran medida,
dependen de Caracas. Unas veces los petrodólares le han servido al militar
venezolano para elegir a los gobernantes del vecindario y otras para
mantener funcionando al país conquistado, pero el control sobre ellos es
casi total.
Parece que los rusos le vendieron las armas, pero no se animaron a
participar de la aventura chavista. Ellos quieren que Rusia forme parte del
primer mundo, no destruirlo ni conquistarlo. Ya perdieron el siglo XX en esa
empobrecedora estupidez y quedaron escarmentados. Me imagino que desde la
perspectiva rusa el señor Chávez sólo despierta dos emociones: la
comprensible codicia por venderle cosas y cierta curiosidad de primatólogo
que suele provocar en los europeos este tipo de espécimen parlante del
Orinoco.
Sin embargo, es un error no tomar en serio a Chávez sólo por su carácter
histriónico. Es un payaso armado. La pelota roja que tiene en la nariz es
una granada. Los zapatones están llenos de explosivos. Chávez ha elegido sus
enemigos con toda precisión. La lista la encabeza Estados Unidos, pero luego
siguen Europa, Israel, Colombia, México, Perú y todo país democrático que
crea en el mercado y la empresa privada. ¿Quiénes son sus aliados? Irán,
Corea del Norte, los palestinos radicales: cualquiera que odie a Estados
Unidos y a Occidente. En la memoria de las computadoras de Raúl Reyes, el
narcoterrorista de las FARC eliminado por el ejército colombiano, estaba
claro: Venezuela no sólo se proponía entregarles cientos de millones de
dólares a estos secuestradores, sino les serviría de enlace con terroristas
libaneses para adiestrarlos en el manejo de misiles tierra aire para
derribar aviones en pleno vuelo.
¿Quién le hace frente a esta amenaza? Ni pensar en los tres grandes países
del continente. Brasil, pese a la simpatía internacional que inspira Lula da
Silva, está cerca de Chávez. Lula ha sido un presidente prudente dentro de
Brasil, pero una parte de su Partido del Trabajo, y muy especialmente su
asesor para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, son considerados
por las FARC como elementos muy cercanos a sus objetivos. De Argentina puede
decirse otro tanto: parte de la campaña presidencial de Cristina Fernández
de Kirchner se sufragó con dinero negro venezolano. El débil gobierno
mexicano está enfrascado en una pelea mortal con los cárteles locales de
narcotraficantes y no dispone de margen de maniobra para abrir otro frente
de lucha.
Queda Estados Unidos, pero desde Venezuela fluye hacia ''el imperio'', como
le llama Chávez, el 10% del petróleo que el país importa y no parece muy
sensato, en época de crisis, alterar aún más el mercado con un barril en
torno a $130 dólares. Sin embargo, tal vez no desarrollar una estrategia de
contención frente al chavismo acabe siendo mucho más costoso que inhibirse y
esperar a que el problema se solucione solo como consecuencia de su propia
inviabilidad. En enero de 1964 Lyndon B. Johnson firmó una orden
presidencial poniendo fin a todo esfuerzo norteamericano por liquidar el
comunismo en Cuba. Ha pasado casi medio siglo y toda América sigue pagando
las consecuencias.
Julio 27, 2008
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