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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Chávez quiere revivir la guerra fría

Carlos Alberto Montaner

Madrid -- Hugo Chávez fue a Moscú a comprar armas --submarinos, bombarderos, tanques-- y a reclutar a los rusos para su campaña antiamericana. Les ofreció el territorio venezolano para colocar bases militares y ''tropas de combate'' y luego se desdijo, como reportó la agencia alemana DPA. La irresponsabilidad de este hombre no tiene límites. Su propósito es revivir la guerra fría, pero ahora bajo su dirección. Entre su lista de activos, para animar a los rusos, llevaba colgados al cuello como trofeos a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Eran sus satélites. Venezuela ya tiene satélites. Países que, en gran medida, dependen de Caracas. Unas veces los petrodólares le han servido al militar venezolano para elegir a los gobernantes del vecindario y otras para mantener funcionando al país conquistado, pero el control sobre ellos es casi total.

Parece que los rusos le vendieron las armas, pero no se animaron a participar de la aventura chavista. Ellos quieren que Rusia forme parte del primer mundo, no destruirlo ni conquistarlo. Ya perdieron el siglo XX en esa empobrecedora estupidez y quedaron escarmentados. Me imagino que desde la perspectiva rusa el señor Chávez sólo despierta dos emociones: la comprensible codicia por venderle cosas y cierta curiosidad de primatólogo que suele provocar en los europeos este tipo de espécimen parlante del Orinoco.

Sin embargo, es un error no tomar en serio a Chávez sólo por su carácter histriónico. Es un payaso armado. La pelota roja que tiene en la nariz es una granada. Los zapatones están llenos de explosivos. Chávez ha elegido sus enemigos con toda precisión. La lista la encabeza Estados Unidos, pero luego siguen Europa, Israel, Colombia, México, Perú y todo país democrático que crea en el mercado y la empresa privada. ¿Quiénes son sus aliados? Irán, Corea del Norte, los palestinos radicales: cualquiera que odie a Estados Unidos y a Occidente. En la memoria de las computadoras de Raúl Reyes, el narcoterrorista de las FARC eliminado por el ejército colombiano, estaba claro: Venezuela no sólo se proponía entregarles cientos de millones de dólares a estos secuestradores, sino les serviría de enlace con terroristas libaneses para adiestrarlos en el manejo de misiles tierra aire para derribar aviones en pleno vuelo.

¿Quién le hace frente a esta amenaza? Ni pensar en los tres grandes países del continente. Brasil, pese a la simpatía internacional que inspira Lula da Silva, está cerca de Chávez. Lula ha sido un presidente prudente dentro de Brasil, pero una parte de su Partido del Trabajo, y muy especialmente su asesor para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, son considerados por las FARC como elementos muy cercanos a sus objetivos. De Argentina puede decirse otro tanto: parte de la campaña presidencial de Cristina Fernández de Kirchner se sufragó con dinero negro venezolano. El débil gobierno mexicano está enfrascado en una pelea mortal con los cárteles locales de narcotraficantes y no dispone de margen de maniobra para abrir otro frente de lucha.

Queda Estados Unidos, pero desde Venezuela fluye hacia ''el imperio'', como le llama Chávez, el 10% del petróleo que el país importa y no parece muy sensato, en época de crisis, alterar aún más el mercado con un barril en torno a $130 dólares. Sin embargo, tal vez no desarrollar una estrategia de contención frente al chavismo acabe siendo mucho más costoso que inhibirse y esperar a que el problema se solucione solo como consecuencia de su propia inviabilidad. En enero de 1964 Lyndon B. Johnson firmó una orden presidencial poniendo fin a todo esfuerzo norteamericano por liquidar el comunismo en Cuba. Ha pasado casi medio siglo y toda América sigue pagando las consecuencias.

Julio 27, 2008

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