La libertad de Gorki Águila
y la de todos los cubanos
Carlos Alberto Montaner
La liberación del rockero Gorki
Águila fue el resultado de la combinación entre la entereza de este
talentoso joven, su indudable valentía, y el respaldo internacional que le
dieron figuras como Zoé Valdés y Paquito D´Rivera. La capacidad de
convocatoria de estos artistas e intelectuales permitió que figuras como
Alejandro Sanz y Miguel Bosé pidieran la libertad de Gorki, y me consta que
en los próximos días se iban a sumar a la campaña personajes de la talla de
Saramago, Madonna, Sean Penn, Robert de Niro y un larguísimo etcétera de
personalidades europeas, norteamericanas y latinoamericanas que encontraban
en este atropello una magnífica oportunidad de distanciarse de una de las
más viejas tiranías del planeta.
Este episodio genera tres consecuencias muy importantes que vale la pena
consignar:
Primero, demuestra cuán frágil y condicionado es el apoyo internacional que
hoy tiene la dictadura cubana. El gobierno de Raúl Castro, o de Raúl y Fidel
Castro, porque el actual presidente tiene las manos atadas, no puede hacer
lo que quiera con los demócratas cubanos de la oposición sin pagar por ello
un alto precio que se deduce del reducido prestigio que aún le queda. Para
un régimen como el cubano, que ha buscado su legitimación en el apoyo
internacional, eso es muy grave.
Segundo, prueba que dentro de Cuba ni siquiera en las filas del poder están
de acuerdo con este tipo de represión bárbara. Pablo Milanés no tuvo valor
para defender públicamente a Gorki Águila, pero sí lo hizo en privado, de
acuerdo con la versión que me dio un amigo común. Ni él, ni Silvio
Rodríguez, ni Abel Prieto, ni Perogurría, ni ninguno de quienes forman parte
de la “cultura orgánica” del régimen, están de acuerdo con la represión
policiaca. No lo dicen públicamente por miedo, pero lo comentan dentro de
sus círculos íntimos. La línea dura no tiene adeptos en la Cuba actual, a no
ser por Fidel, Ramiro Valdés y otros pocos nostálgicos del estalinismo.
Tercero, es evidente que la distancia entre los jóvenes y el gobierno cubano
es abismal. Eso a lo que llaman “revolución cubana” ha perdido totalmente su
conexión emocional con la juventud. Para los jóvenes, el gobierno cubano es
una cosa extraña y polvorienta, basada en unas historias remotas que los
dejan indiferentes.
Todo esto quiere decir que las condiciones esenciales para el cambio de
régimen ya están dadas en Cuba: la fatiga, el cansancio que produce
respaldar un gobierno fallido durante medio siglo, ya es absoluta, y no hay
forma humana de revitalizar el ánimo revolucionario dentro o fuera de la
Isla. Los Castro podrán retardar el inevitable cambio a base de palo y
tentetieso, pero todo lo que conseguirán con la represión es desacreditar a
los comunistas y a sus simpatizantes, cerrándoles el camino de la
participación en la nueva Cuba cuando llegue el momento de estrenar la
libertad.
Agosto 31, 2008
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