Pedro el Grande amenaza a América
Carlos Alberto Montaner
Los barcos de guerra rusos ya no
llevan nombres de camaradas heroicos, sino de personajes de la historia
imperial. Mientras escribo esta crónica el crucero nuclear ''Pedro el
Grande'' navega hacia América Latina al frente de una flota de cuatro
imponentes navíos. Algunos barcos de la marina venezolana se les unirán para
realizar maniobras conjuntas. Moscú pretende cobrarle a Washington su apoyo
a Georgia y a la independencia de Kosovo.
''Pedro el Grande'' es el mayor crucero del planeta. Se trata de un
lanzamisiles. Lleva 32, y algunos de ellos pueden hacer añicos a un poblado
de tamaño mediano. La historia de su nombre es un poco la de la Rusia
convulsa de nuestros días. Mijail Gorbachov ordenó su construcción en 1986 y
lo denominó ''Yuri Andropov'', en homenaje de su mentor, ex jefe del KGB y
ex premier, muerto pocos años antes. Pero se terminó en época de Boris
Yeltsin, en 1996, y con el tiempo acabó llamándose ``Pedro I el Grande''.
Para Vladimir Putin --que sigue siendo quien manda en Rusia-- es una
circunstancia feliz que la bandera de Rusia la pasee desafiante por América
un barco que lleva el nombre de una de las personas que más admira. Putin
tiene un retrato del emperador Pedro el Grande en su despacho, y es muy
probable que sea una de sus fuentes directas de inspiración. Al fin y al
cabo, este monarca absolutista decidió imitar a Occidente para derrotarlo.
Aprendió a fabricar barcos como los holandeses, y reorganizó su ejército a
la manera de los alemanes, para enfrentarse a los suecos, polacos y turcos.
Se propuso, y lo logró, que Rusia fuera una potencia europea, e incluso
americana, porque fue bajo órdenes suyas que la armada rusa, mandada por
Vitus Bering, se asomó a la tierra de Sarah Palin y comenzó la lenta y
accidentada ocupación del enorme territorio alasqueño, que Moscú acabó
vendiéndole al gobierno de Andrew Johnson en 1867 por la misma razón por la
que Napoleón le vendió la Louisiana a Jefferson: para evitar que los
ingleses se apoderaran de ese territorio.
Putin quiere hacer lo mismo que Pedro el Grande. Y quienquiera que gane la
presidencia norteamericana, o quienes periódicamente dirijan los destinos de
la Unión Europea, deben enfrentarse a esta peligrosa realidad: Rusia está
empeñada en ser un foco de poder, que ha elegido, como Pedro el Grande,
parecerse a Occidente, pero para adversarlo, no para colaborar con él. A lo
que agrega un elemento aún más incómodo: si bien los objetivos estratégicos
son los de aquel zar brutal, la táctica y el modus operandi son los que
desarrolló el Kremlin a lo largo del siglo XX, cuya semilla fue el Comitern
creado por Lenin en 1919 con el objeto de reclutar a los simpatizantes
marxistas en todo el mundo para orquestar una batalla internacional en todos
los frentes.
Es ahí donde entra a jugar Hugo Chávez, cuyo proyecto político (diseñado con
el delirante auxilio de un Fidel Castro moribundo) es también,
esencialmente, antioccidental, y cree haber encontrado en Moscú el aliado
perfecto que le cuide las espaldas, mientras él y sus satélites --por ahora
Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa-- construyen el socialismo del
siglo XXI y pactan con cualquier tipo de régimen que comparta esa pulsión
antioccidental, ya sea una teocracia islámica como Irán o un manicomio
marxista-leninista como Corea del Norte, dado que no los une la coherencia
ideológica sino el odio a un enemigo común que han decidido destruir.
Sería una peligrosa irresponsabilidad que Estados Unidos y la Unión Europea
no lleven a cabo una conversación seria sobre este nuevo reto y sus posibles
implicaciones. Nunca estuvo más cerca de estallar la tercera guerra mundial
que durante la crisis de los misiles de octubre de 1962. Es posible que
todavía se pueda conjurar una nueva guerra fría con Moscú, pero primero
Occidente debe entender el peligro que comienza a gestarse y desarrollar una
defensa común. Chávez podrá ser un personajillo grotesco escapado de un
circo, pero provisto de miles de millones de petrodólares e instalado en la
proa de un crucero nuclear ruso se vuelve una criatura muy peligrosa.
Ignorar estos hechos es jugar con la seguridad nacional.
Septiembre 28, 2008
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