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La
columna semanal de
Carlos Alberto Montaner |
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“Se
estima que su columna sindicada es leída por seis millones de
personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España
y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más
respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.
“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers.
His opinions make politician in Spain and Latin America tremble …
He will maintain his position as one of the region’s most
respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003. |


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Hugo Chávez contra Alan García
Carlos Alberto Montaner
Fue un verdadero genocidio. Veinticuatro
policías peruanos fueron degollados por los indígenas en un rincón remoto de
la Amazonia. Nueve indígenas también murieron en la refriega, pero puede
haber más muertos. El origen directo del conflicto es la inconformidad de
las comunidades indígenas con las explotaciones agrícolas y las
exploraciones en busca de gas y petróleo sancionadas por una ley del
Congreso en un territorio que ellos reclaman como parte de su hábitat
natural. El origen indirecto puede ser la mano larga de Hugo Chávez y de su
escudero Evo Morales. En la región andina circula desde hace muchos años la
descabellada idea de constituir una nación étnica con diversos pueblos de
origen precolombino que no han sido totalmente asimilados por la cultura
occidental. Ahí se inscriben ciertos sectores aymaras, quechuas, y otros
grupos minoritarios, como estos vinculados a las zonas selváticas.
El episodio es peligrosísimo para la estabilidad peruana. El asunto
trasciende la simple revuelta local. La capacidad de demolición con que
cuenta la izquierda colectivista de Chávez, sumada al indigenismo y al
ecologismo, pueden ser letales. Hechos muy parecidos le costaron la
presidencia, la persecución y el exilio al presidente Gonzalo Sánchez de
Losada en el 2003, y le abrieron la puerta a Evo Morales y a su proyecto
antidemocrático y antirrepublicano. Bastó con que la clase política,
incluido su vicepresidente Carlos Mesa, quien heredó provisionalmente el
poder, con una mezcla de oportunismo e instinto suicida se colocara junto a
los amotinados y renunciara a la institucionalidad, para, eventualmente,
precipitar a Bolivia en el caos creciente de esa confusa amalgama
autoritaria y empobrecedora que es el socialismo del siglo XXI.
Hugo Chávez y Evo Morales odian intensamente a Alan García y no tienen que
buscar excusas para tratar de desestabilizar a Perú. El proyecto bolivariano
posee la coartada ideológica. Es una corriente política que cree y practica
el ''internacionalismo revolucionario'' donde y cuando le da la gana, pero
chilla y protesta contra ''la injerencia imperialista'' cuando un ''extranjero''
se aventura a criticarla, como sucedió recientemente en Caracas en el
instante en que algunos intelectuales como los peruanos Mario y Alvaro
Vargas Llosa y Enrique Guersi, el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza o los
mexicanos Jorge Castañeda y Enrique Krauze (entre tres docenas de valiosas
cabezas) se atrevieron a opinar sobre la desoladora realidad venezolana.
Por ahora, el arco político democrático peruano se mantiene firme en defensa
de la institucionalidad, con la excepción de Ollanta Humala (el hombre de
Chávez en Lima) y de unos pequeños grupos de ultra comunistas, pero nunca se
debe desestimar la incontrolable tentación cainita de los aspirantes al
poder. Aunque muchos venezolanos hoy no lo recuerdan, probablemente el hecho
esencial que minó los partidos políticos y le abrió camino a Hugo Chávez fue
la injusta destitución de Carlos Andrés Pérez (CAP) en 1993 por un supuesto
delito de malversación que, en realidad, enmascaraba odios y rivalidades
sectarias. CAP, como los faraones, sin proponérselo se llevó a su tumba
política a adecos y copeyanos. Casi seis años más tarde, Chávez entraba en
Miraflores a bordo de un discurso antipartido.
Coincido con el presidente Alan García en que el 80% de los peruanos está de
acuerdo con que se exploten las riquezas naturales que el país posee, estén
donde estén, no sólo para beneficio de los inversionistas, las
multinacionales o los empresarios nativos, sino especialmente para poder
sacar de la pobreza a ese cuarenta por ciento de tristes seres humanos que
sobreviven con menos de dos dólares al día, con frecuencia se acuestan con
hambre, y carecen de recursos para comprar medicinas.
Es verdad que hay que proteger el medio ambiente, pero no es eso lo que
realmente persigue esta coalición de camaradas. La historia demuestra que
muchos de los ecologistas, dotados de un lenguaje pseudocientífico, pero muy
eficaz, de la mano de los enemigos del progreso, como los indigenistas,
están siempre dispuestos a impedir la creación de riquezas y de fuentes de
trabajo, sin importarles los daños que esa actitud les causan a las personas
más necesitadas. Si los peruanos se dejan arrastrar por ellos, y si la clase
política sucumbe a la intimidación de los revoltosos y, de paso, destruye al
gobierno, todos van a pagar un altísimo precio. En los últimos diez años
Perú ha sido uno de los países más exitosos de América Latina y ha
conseguido disminuir la pobreza en un quince por ciento. Todo habrá sido
inútil. Comenzará otro ciclo de desesperanza y caos. Ya ha ocurrido en el
pasado.
Junio 16, 2009
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