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La
columna semanal de
Carlos Alberto Montaner |
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“Se
estima que su columna sindicada es leída por seis millones de
personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España
y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más
respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.
“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers.
His opinions make politician in Spain and Latin America tremble …
He will maintain his position as one of the region’s most
respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003. |


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La difícil tarea de Oscar Arias
Carlos Alberto Montaner
Aduras penas, comienza a abrirse paso el
sentido común en la crisis de Honduras. El presidente depuesto Manuel Zelaya
y el presidente interino Roberto Micheletti han aceptado la mediación de D.
Oscar Arias, gobernante de Costa Rica y premio Nobel de la paz. Lo propuso,
acertadamente, Hillary Clinton ante la autoexclusión de José Miguel Insulza,
secretario general de la OEA, debido al descrédito que padece el político
chileno por su parcialidad a favor de Chávez y a la pésima imagen que dejó
entre los hondureños durante su reciente visita al país cuando fue portador
de un ultimátum humillante.
Arias es la persona idónea para desempeñar ese papel de mediador. Es un
demócrata con las ideas muy claras, pero no será un instrumento de
Washington ni de nadie. En la década de los ochenta, en la última etapa de
la guerra fría, se opuso a las presiones del gobierno de Reagan y creó las
condiciones para que nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos, entonces
enfrentados a tiros, negociaran la paz. Es verdad que tuvo a su favor la
perestroika, la fatiga de la URSS y la resistencia armada de las guerrillas
antisandinistas auspiciadas por la CIA, pero el mérito mayor de aquellos
acuerdos le corresponde a Arias. Por eso le otorgaron el Nobel.
Aparentemente, esta nueva tarea parece más sencilla, pero Arias debería
viajar a Honduras a conversar con otros actores fundamentales para tener un
cuadro más claro de la situación. Manuel Zelaya y Roberto Micheletti llevan
treinta años de amistad y sólo ocho meses de crecientes desavenencias. Sus
familias tenían relaciones cordiales. Son dos empresarios dedicados a la
política y no dos ideólogos empedernidos. Pertenecen al mismo partido.
Zelaya, incluso, a fines del 2008 respaldó la candidatura de Micheletti
dentro del Partido Liberal para que lo sucediera en el cargo.
Paradójicamente, esa ayuda provocó la derrota de Micheletti en las
primarias, debido a la impopularidad crónica de Zelaya, dándole el triunfo a
Elvin Santos, vicepresidente enemistado con Zelaya, quien, por cierto, tiene
una alta probabilidad de convertirse en el próximo gobernante de Honduras.
¿Qué separó a estos hombres? En realidad, lo mismo que hoy divide a la
sociedad hondureña en el terreno político: la terca e inconstitucional
insistencia del presidente Mel Zelaya en arrastrar a su país al llamado
''socialismo del siglo XXI'' que preconiza Hugo Chávez, contrariando la
voluntad de su partido, del resto de las instituciones de la república y de
la mayoría de la sociedad. Esto fue lo que precipitó la crisis y,
lógicamente, la reconciliación de Zelaya con el país, y quién sabe si hasta
su regreso a la presidencia, deben comenzar por renunciar explícitamente a
esa temeraria aventura socialista a la que se sumó sin consultar con su
partido ni con nadie.
¿Qué puede hacer fracasar la mediación de Arias? Tres razones:
• Primero, el carácter empecinado de Zelaya. Es una persona inflexible,
indiferente a la realidad, que no acaba de aceptar que tiene en contra a
prácticamente todas las instituciones, a su partido, al ejército, a la
Iglesia católica y a la mayoría del país.
• Segundo, las presiones morales y materiales de Hugo Chávez encaminadas a
dinamitar cualquier acuerdo que signifique una merma de su zona de
influencia.
• Tercero, la convicción de que el fracaso de Arias será una especie de luz
verde para iniciar la reconquista violenta del poder por métodos subversivos
con la ayuda de venezolanos, cubanos, salvadoreños y nicaragüenses.
Ya hay síntomas de que Zelaya no entiende la negociación como la búsqueda de
un acuerdo en el que las dos partes ceden hasta alcanzar una fórmula
mutuamente aceptable. Desde que habló con la secretaria de Estado Hillary
Clinton, hasta que aterrizó en Costa Rica acompañado por Patricia Rodas, su
muy radicalizada canciller, Zelaya fue endureciendo su discurso, como si
buscara la rendición incondicional de sus adversarios, pese a que estos
tienen el control real y total dentro del país.
Sin embargo, Estados Unidos todavía conserva cierta capacidad para presionar
a Zelaya y obligarlo a tomar en serio las negociaciones: no abandonar al
gobierno de Micheletti ni privarlo de ayuda hasta no ver el resultado final
de la mediación de Oscar Arias. Si Estados Unidos comprueba que el objetivo
de Zelaya no es rescatar la legalidad, sino entronizar el chavismo, lo
responsable es hacer lo posible por impedirlo.
Nada complacería más a los hondureños. Nada sería más conveniente para
Estados Unidos.
Julio 19, 2009
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