El académico que escribía como
un funcionario
Respuesta a Arturo López-Calleja, alias Arturo López-Levy.
Carlos Alberto Montaner
En una web publicada en Suecia, Cuba Nuestra, alguien se toma la
molestia de escribir un artículo en mi contra. Me lo mandan. Está lleno de una
curiosa e inesperada hostilidad. Lo recorre algo así como un estudiado rencor
estratégico de funcionario obligado al ataque. El tono no se compadece con una
simple discrepancia de opiniones. Lo firma un señor llamado Arturo López Levy.
Francamente, no sé quién es. No recuerdo haberlo conocido jamás.
Pregunto. Es un profesor cubano radicado en Denver, me dicen. Sigo
preguntando. Me extraña tanta ira. Los académicos no escriben así,
visceralmente. Esa prosa tiene un apasionado tufillo a periodismo oficial
cubano. Parece una cosa panfletaria y tosca de Juventud Rebelde.
Quizás por eso vale la pena responder. Lo voy a hacer por medio de otra web
cubano-sueca:
www.miscelaneasdecuba.net Una de las mejores con que cuenta la oposición
democrática. También, naturalmente, aparecerá en
www.cubaliberal.org
Por fin doy con varias personas que lo conocen íntimamente de cuando vivía en
Cuba. La primera sorpresa es que no se llama Arturo López Levy, sino Arturo
López-Calleja y es pariente del yerno de Raúl Castro. Interesante. Utiliza un
alias. De dónde sacó el Levy, pregunto. De un bisabuelo materno, me dicen.
¿Por qué cambió de nombre? Para penetrar la colonia judía en Cuba, agregan.
Luego se fue a Israel. ¿Penetrar? ¿Cumplía una misión? ¿Es un agente? Sí,
afirman rotundamente. Lo reclutaron cuando estudiaba en el Instituto
Superior de Relaciones Internacionales adscrito al Minrex. Entonces era un
joven y prometedor comunista. Fue oficial de las Fuerzas Armadas. Quien esto
alega lo conocía de aquellos años. ¿Esta información es record público,
indago? No lo sé, me responden, pero sin duda el FBI y los israelíes están
bien enterados. El expediente es abultado, añaden.
Nada de esto me consta. Tal vez sea falso o inexacto. No lo sé. No quiero ser
injusto y estas acusaciones no se desprenden de documentos oficiales sino de
personas que lo conocen. Yo he sido falsamente acusado de terrorista y agente
de la CIA por la Seguridad del Estado en una campaña sistemática de
desinformación y sé lo desagradable que puede ser todo esto. Ignoro, pues, si
el señor López-Calleja, alias López Levy, es un agente sembrado en el mundo
académico, como el matrimonio Álvarez, o si se sólo se trata de una persona
aburrida con ganas de polemizar que utiliza, inocentemente, la prosa del
“aparato”. Ya podrá él, si lo cree conveniente, negar o aclarar estos puntos
oscuros de su biografía, o tal vez decida mantenerse callado.
En todo caso, lo que me resulta evidente es que el señor López-Calleja no
discute de buena fe. Su intención no es demostrar mis errores de juicio, o mis
pifias intelectuales, lo que sería legítimo, sino tratar de probar mi supuesta
incoherencia ética para descalificarme in totum, práctica
abominable para todo aquel que ame el fair play en cualquier
debate honrado.
Honduras
¿Cómo lo hace? Primero, confunde y distorsiona lo que he escrito sobre los
recientes sucesos de Honduras (todos esos papeles se pueden leer en
www.firmaspress.com) para inmediatamente construir un absurdo silogismo:
“Montaner apoya el golpe en Honduras (lo que jamás he escrito); Montaner dice
ser un demócrata que quiere la democracia para Cuba (lo que es cierto); ergo,
Montaner es éticamente incoherente”. O sea, aparentemente no
coincidir con la sesgada visión sobre el episodio de Honduras que tiene el
señor López-Calleja me incapacita moralmente en el tema cubano.
¿Por qué hay que tomar al pie de la letra la opinión de este caballero o la
información que maneja en un tema tan complejo como el hondureño? ¿Qué pasó
realmente en Honduras? Una buena descripción, mucho más ponderada, es la que
hace el Dr. Ricardo Arias Calderón, ex vicepresidente de Panamá, ex presidente
de la Internacional Demócrata Cristiana, uno de los grandes estadistas de
América Latina, viejo luchador por la libertad y el imperio de la ley, quien a
su avanzada edad está alejado de todo sectarismo:
“La crisis comenzó cuando el presidente Zelaya no presentó el presupuesto en
el año 2008 para su aprobación por el Congreso Nacional; intentó destituir al
jefe de las Fuerzas Armadas sin tener facultad constitucional para ello, pero
la Corte Suprema de Justicia se lo impidió; insistió en una consulta popular,
no prevista por la Constitución Nacional de Honduras ni por la ley, sin
explicar lo que encontraba mal o inadecuado en la Constitución vigente y qué
es lo que deseaba que se modificara de ella”.
“En Derecho Público los funcionarios únicamente pueden hacer aquello que la
ley explícitamente les permite, y el Presidente Zelaya, siendo el mayor y más
alto de los servidores públicos se salió de ese marco legal. Todo indica que
lo que buscaba, entre otras cosas, era poder volver a reelegirse, siguiendo el
ejemplo de Hugo Chávez. Más grave aún fue que desoyó las advertencias del
Tribunal Supremo de Elecciones, de la Corte Suprema de Justicia, de la
Procuraduría de la Nación, de la gran mayoría de miembros de gobierno y
oposición del Congreso, y entre otros del Defensor de los Derechos Ciudadanos
quienes le advirtieron que lo que intentaba hacer era ilegal y que no podían
avalarlo”.
“La Iglesia encabezada por Cardenal Oscar A. Rodríguez, y todos los obispos
miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras (C.E.H.) en un comunicado de
prensa del 2 de julio apoyan la decisión de retirar al presidente Zelaya de su
cargo por cuanto que al violentar el artículo constitucional 329, cesó de
inmediato, tal como reza la norma, en el desempeño del cargo; y solicita a la
O. E. A. que preste atención a todos los actos de ilegalidad que por mano del
presidente Zelaya venían sucediendo. Las Iglesias Católica y Evangélica, en
conjunto han dado su apoyo al nuevo gobierno dirigido por el liberal Roberto
Micheletti Baín, presidente del Congreso Nacional en funciones ejecutivas. El
documento de la C.E.H. afirma que en Honduras “las instituciones del Estado
democrático hondureño, están en vigencia y que sus ejecutorias en materia
jurídico-legal han sido apegadas a derecho. Los tres poderes del Estado… están
en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución”.
El liberalismo
¿Es Ricardo Arias Calderón un propagandista como los de Granma, pero al
revés, como dice de mí el señor López-Calleja? ¿Lo son el respetado cardenal
Oscar Rodríguez Maradiaga y todos los obispos hondureños? ¿Lo son los
centenares de analistas y articulistas que encuentran que en Honduras se ha
producido un choque de poderes? Pero si absurda e injusta es esa
descalificación moral que pretende imponerme por el tema de Honduras, cuando
entra en el terreno ideológico sus alegatos se vuelven casi cómicos.
Asegura el señor López-Calleja (con una metáfora bastante pueril, por cierto),
que mi “supuesto pensamiento liberal es un closet de contradicciones más
grande que el teatro nacional” porque no coincido con Milton Friedman o con
mis amigos libertarios del Cato Institute en el tema del embargo
o en el de los viajes de los no cubanos a la Isla. Podría decirle que tampoco
coincido con Friedman en su propuesta de eliminar los bancos públicos de
emisión de moneda, pero eso me llevaría a explicarle que el liberalismo no es
una secta dogmática, como el partido comunista al que él perteneció, y nada
tiene que ver con las rígidas supersticiones del marxismo leninismo en que se
formó, sino que se trata de una corriente abierta a muchas tendencias e
interpretaciones, como puede comprobar cualquiera que asista a una reunión de
la Mont Pelerin y escuche al propio hijo de Milton Friedman, el brillante
David, mostrar respetuosamente su desacuerdo con algunas posturas de su
augusto padre.
Es una lástima que los años de formación académica norteamericana no le hayan
servido al señor López-Calleja para saber que el respeto por el pensamiento
ajeno no significa la sujeción incondicional a todas sus ideas o propuestas,
aunque disculpo su opinión porque me figuro que son las viejas secuelas que le
quedan de cuando aplaudía sin chistar cualquier estupidez proferida por el
dictador cubano, como me cuentan quienes entonces fueron sus compañeros de
estudio y recuerdan su encendida militancia.
En todo caso, si el señor López-Calleja desea conocer los fundamentos de mi
interpretación personal del pensamiento liberal, puede adquirir en Amazon
todos o algunos de los cinco libros que he escrito sobre el tema: Libertad,
la clave de la prosperidad, No perdamos también el siglo XXI, La libertad y
sus enemigos, Las columnas de la libertad y La última batalla de la
guerra fría. Sin ánimo de ofender, entre otras razones porque no creo que
el señor López-Calleja tenga un pelo de tonto, creo que también se
beneficiaría del Manual del perfecto idiota latinoamericano y de El
regreso del idiota, estos últimos escritos en colaboración con Álvaro
Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza. Algunas personas me han confesado que
entendieron mejor los problemas del desarrollo tras repasarlos.
Finalmente, como veo que el señor López-Calleja se interesa en los postulados
del liberalismo y acaso esté en una fase primaria de conversión, termino con
un credo liberal muy elemental que alguna vez recogí en una charla
organizada por la Internacional Liberal dirigida a jóvenes estudiantes
deseosos de precisar cuál era el mínimo común denominador del pensamiento
liberal:
“¿Qué creen, en suma, los liberales? Los liberales sostenemos siete creencias
fundamentales extraídas, insisto, de la experiencia, y todas ellas pueden
recitarse casi con la cadencia de una oración laica:
• Creemos en la libertad y la responsabilidad individuales como valor supremo
de la comunidad.
• Creemos en la propiedad privada, para que ambas −libertad y responsabilidad−
puedan ser realmente ejercidas.
• Creemos en la convivencia dentro de un Estado de Derecho regido por una
Constitución que salvaguarde los derechos inalienables de la persona.
• Creemos en que el mercado −un mercado abierto a la competencia y sin
controles de precios− es la forma más eficaz o menos imperfecta de realizar
las transacciones económicas.
• Creemos en la supremacía de una sociedad civil formada por ciudadanos, no
por súbditos, que voluntaria y libremente segrega cierto tipo de Estado para
su disfrute y beneficio, y no al revés.
• Creemos en la democracia representativa como método para la toma de
decisiones colectivas, siempre y cuando se respeten los derechos de las
minorías.
• Creemos en que el gobierno −mientras menos, mejor−, siempre compuesto por
servidores públicos, totalmente obediente a las leyes, debe estar sujeto a la
inspección
constante de los ciudadanos”.
Amén.
Julio 23, 2009
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