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La columna semanal de
Gina Montaner

 

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¿Somos todos humanos?

Gina Montaner
 

Vale. El padre Alberto Cutié ha hablado hasta por los codos en todos los medios posibles. Posiblemente incluso se le podía seguir en twitter, que es el último grito entre los groupies que persiguen día y noche a los celebrities bajo el lema que sintetiza esta era de narcisistas consumados: What am I doing?

Bien, el morbo colectivo ha saciado su sed de chismes e intimidades cual vampiro frente a una apetitosa yugular. En realidad ya sólo nos falta por ver la entrevista exclusiva de la pareja del año proclamando su amor y su derecho a compartir lecho. Serán felices, comerán perdices y a otra cosa, mariposa. Digamos que a este entretenido culebrón le queda un par de capítulos y un bestseller en las librerías. Poco más antes de archivarlo en el baúl de los recuerdos de YouTube. De todos modos las grandes ausentes en este vodevil han sido las monjas, de las que nadie se ha preocupado por invitarlas a los debates que estos días han ocupado el prime time. ¿Habría despertado igual simpatía y solidaridad una versión femenina del padre Alberto? Me temo que no.

Pero no quisiera despedirme de este Pájaro espino versión tropical sin hacer mención a un tema muy serio que en estas páginas ha abordado Daniel Shoer Roth en una magnífica columna [ver Sur de la Florida, 13 de mayo] titulada Con la vara que mides... Desde la militancia gay, el columnista de este periódico no oculta su desagrado por la insensibilidad del padre Alberto cuando en el pasado ha dado consejos a padres preocupados por la homosexualidad de sus retoños. Para estos muchachos, presuntamente tan hijos de Dios como el resto de los mortales, pedía que enmendasen su torcido camino.

En una entrevista televisada que la semana pasada Cutié concedió a la periodista Teresa Rodríguez, éste dijo que una cosa es su desliz por el amor de una mujer, y otra bien distinta los casos de pederastia y homosexualidad que plagan el seno de la Iglesia católica. Es preciso aclarar que en las sociedades más avanzadas la relación entre dos hombres o dos mujeres adultas no es un delito y nada tiene que ver con el abuso a menores. O sea, a los ojos del Todopoderoso ese amor debería ser tan válido como el que el padre Alberto dice profesarle a una joven cuyo nombre no pronuncia pero está en boca de todos.

Al referirse a la Iglesia a la que hasta ahora ha servido, el ex párroco ha dicho que se sentía como un hombre del siglo XXI atrapado en un mundo anclado en el siglo XVIII. Pues bien, a muchos su visión de los gays se nos antoja del medioevo y en contra del principio fundamental de que todos tenemos los mismos derechos, independientemente de nuestra raza o preferencia sexual. Lo del celibato es peccata minuta comparado a la discriminación y el desprecio que el prelado manifiesta contra los homosexuales y lesbianas, como si fuesen criaturas de un dios menor.

El padre Alberto quiere que lo veamos como el hombre que es, con una orientación sexual --la que le dio el Creador al nacer-- que lo ha llevado a cumplir el destino de sus hormonas, diseñadas para desear al sexo opuesto. Con la facilidad de palabra y el charme que lo caracterizan, ha afirmado que no vino de otro planeta para presentarse en la tierra con sotana, sino que es un ser de carne y hueso que ha cedido a la tentación. Pero este apreciado sacerdote, como los valores de la Iglesia que hasta el otro día defendió desde el púlpito, parece no haberse planteado que hay individuos que nacieron con otra sexualidad --la que la Providencia les designó-- y que, como él, reclaman su legítimo derecho a amar libremente a las personas de su mismo sexo.

Cuando estalló el affair del padre Alberto una portavoz de Radio Paz pidió que fuésemos magnánimos con él porque, apuntó la señora, ¿acaso no somos todos humanos? Yo le respondo con otra interrogación: ¿acaso hay clases subhumanas para quienes no hay aceptación ni misericordia? Si fuese gay y creyente, no habría cabida en mi corazón para una Iglesia incapaz de ofrecer cobijo a todos los hijos de Dios sin hacer excepciones. Yo no esperaría demasiado de una institución liderada por varones que alguna vez se preguntaron si la mujer tenía alma.

Mayo 19, 2009

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